Teórico Nº 9 de Psicología I
(20/06/2007)
Profesora Adjunta a cargo Ana María Talak.
Continuación de la Unidad 3 – punto 3. La tradición Psicopatológica.
Vamos a abordar hoy el libro de Marcel Gauchet El inconsciente cerebral[1] (publicado en francés en 1992), los primeros cuatro capítulos. Este trabajo forma parte de una investigación más amplia del autor, que indaga los caminos por los cuales la noción de inconsciente se implanta en la cultura europea. En esa historia más amplia, Gauchet encuentra dos momentos fundamentales: uno en el cambio del siglo XVIII al siglo XIX, y otro en la segunda mitad del siglo XIX, y especialmente a fines de ese siglo. Este libro se centra en este segundo momento, y estudia el impacto de la noción de inconsciente que forjaron los neurofisiólogos y su articulación en las explicaciones de las enfermedades mentales, una noción de inconsciente basada en la actividad refleja, no voluntaria del cerebro, aoyada en las investigaciones experimentales en neurofisiología.
Antes, vamos a ubicar a partir del primer capítulo (“Inconsciente, sujeto, historia”), esta indagación en relación a los cambios que se producen a principios del siglo XIX.
El cambio que se produce en la Psicoterapia en relación a la concepción de la locura en el cambio de siglo del XVIII al XIX, tiene que ver con la transformación de la noción de sujeto, del sujeto humano. La historia de la locura, de la conciencia y de las capacidades de la conciencia se relacionan estrechamente con la historia del sujeto humano y sus diferentes concepciones. Entonces comienza a concebirse la locura no como algo totalmente ajeno a los “sanos” o “normales”, sino que ven en el sujeto humano algo del orden de una escisión, una división y por lo tanto a la locura como un espejo en el cual todos nos reflejamos, un espejo que sirve para reflexionar sobre nosotros mismos. Más que las diferencias comienzan a observarse las semejanzas. La locura como espejo perturbador, revela un fenómeno antropológico general, no solamente de la anormalidad. La paradoja aquí es que, por un lado, el ser humano se libera de sus ataduras políticas con la Revolución Francesa y sus ideales, y por el otro, a la vez de que se libera políticamente se descubre escindido internamente y por lo tanto dominado por algo que desconoce. La conciencia no abarca toda la actividad mental. El hombre entonces, no es dueño de sí mismo, no tiene el control sobre si. Así los límites de la conciencia son también los límites del poderío sobre nosotros mismos.
Como resultado surge la ruptura explícita de la idea de sujeto. La locura, en lugar de excluirse, queda nuevamente incluida pero a costa de redefinir la noción de sujeto. No es una inclusión gratuita, sino que impacta en la concepción antropológica general.
Gauchet intentará mostrar cómo todo esto se relaciona con la concepción del inconciente freudiano. Con los textos de S. Freud que se ven en prácticos, vamos a ver cómo el propio Freud, a pesar de decir que es él quien instala dicha noción, recurre a los problemas y teorías ya planteados en el siglo XIX, y cómo intenta responder al principio desde los saberes de su época, y luego comienza a innovar dando cuenta de la falla en las respuestas que la ciencia daba hasta entonces. Reconocer que Freud no es el primero que habla de inconciente, no le quita valor a su innovación que el introduce.
Al mismo tiempo, la historia de la concepción del sujeto humano se cruza con la historia de las neurosis, y de los métodos que se intentaron aplicar para entenderlas y curarlas. Conjugamos así una historia del sujeto, una historia del objeto (la neurosis) y una historia del método (psicoterapia).
La tesis central de Gauchet sería la siguiente: los adelantos en el conocimiento positivo[2] de la fisiología del sistema nervioso, durante el siglo XIX, transformaron la concepción de hombre; la fisiología del sistema nervioso impacta de esta manera en el surgimiento de una nueva psicología. Esa nueva psicología recoge los aportes de la fisiología, entre ellos la noción de inconciente cerebral, también el modelo energético para pensar el psiquismo en términos de energía psíquica cuantificable, y la teoría de la evolución.
Hay tres cuestiones que operan al instalarse la noción de inconsciente cerebral. Esta noción actúa como un poder de sugestión, de prohibición y de acreditación. Sugiere ideas y formas de interpretar la actividad psíquica que luego tendrán que justificarse. Además de sugerir, esta noción prohíbe, prohíbe ciertas formas de pensar la actividad psíquica, por ejemplo, el dualismo sustancial metafísico al estilo de Descartes. Y en tercer lugar, acredita, o legitima una noción de inconsciente desde la fisiología.
En el segundo capítulo (“Pensar lo pensable”), Gauchet realiza una reflexión metodológica sobre su tarea. Se llama “pensar lo pensable”. Justamente él piensa que habría ciertas nociones fundamentales en distintas épocas que impactan en la forma de pensar las cosas y que por fuera de ellas los conocimientos no podrían presentarse como científicos. “Inconsciente cerebral” será una de esas nociones, que amplía lo pensable sobre el psiquismo humano en esa época. El autor plantea que habría tres tradiciones o caminos por medio de los cuales se va instalando esa noción de inconsciente: la noción de inconsciente filosófico, la más conocida pero en su opinión la menos importante[3], la noción de inconsciente hereditario proveniente de la teoría evolucionista (instintos)[4] y la noción de inconsciente neurológico. La principal dificultad sobre este último es que se trata de un “conocido desconocido”, es decir que se sabe que es un concepto importante pero no se lo integra en una historia más amplia del inconsciente. Y no se sabe cómo integrarlo, según Gauchet, por dos razones: una es de carácter ideológico y la otra es de carácter metodológico y epistemológico.
La primera tiene que ver con que el psicoanálisis trató de abrirse camino justamente por oposición al saber psiquiátrico (basado en lo orgánico, en el sistema nervioso) e incluso a la psicoterapia. Entonces ¿cómo hacer una historia del inconciente freudiano recuperando su conexión con lo neurofisiológico?
La segunda tiene que ver con el concepto de influencia. ¿Cómo entender la relación entre dos conceptos diferentes? En el plano de lo explícito, la identidad de términos (inconsciente) puede conducir a igualar la noción de inconsciente freudiano con la de inconsciente cerebral, sin una fundamentación que la respalde. En cambio si se acentúa la diferencia radical se disuelve cualquier tipo de relación entre ambos. Por eso Gauchet propone evitar el concepto de influencia que no sirve para explicar nada. Y busca una relación entre las ideas, que no se quede en lo explícito, sino que vaya por lo subyacente, que indague lo que está por debajo de las ideas explícitas. Gauchet entonces indaga cómo esa noción de inconsciente cerebral establece ciertos cambios en el “suelo” de lo pensable, suelo en el cual luego se apoyan diferentes interpretaciones concretas, pensamientos, conceptos.
La noción de inconsciente cerebral extiende la actividad refleja a todo el sistema nervioso (SN). Antes se consideraba que el SN se dividía en una zona central (cerebro), base de las funciones superiores conscientes y voluntarias, y una zona periférica (la médula y los nervios transmisores), base de la actividad refleja. En cambio con la noción de inconsciente cerebral se establece que el cerebro también funciona por medio de reflejos, es decir que su actividad es automática, inconsciente.
La tesis de Gauchet es que la noción de inconsciente cerebral, es decir, la unificación funcional del eje cerebro-espinal, realizada por los neurofisiólogos durante la segunda mitad del siglo XIX, cumplió una tarea negativa, la de minar las bases de la representación clásica del sujeto consciente y de su poder voluntarista, aun mucho más profundamente que las nociones de inconsciente filosófico o hereditario. Esta noción de inconsciente cerebral impactó en el suelo de lo pensable, en el zócalo de los pensamientos sobre el ser humano, que permitió luego diferentes interpretaciones e imposibilitó otras. Cuando Freud planteó las bases de su teoría, esta idea de sujeto dividido, no dueño de sí mismo ya estaba presente. Lo que Freud hizo fue dar una versión psicológica de inconsciente, más consistente.
En el tercer capítulo (“El reflejo al ataque del espíritu”), ya no se realiza una reflexión metodológica sino que se adentra en las vicisitudes que hacen que la noción de inconsciente cerebral se vuelva tan importante. En el cuarto capítulo (“El juego de los modelos”), Gauchet se dedicará a lo sucedido con la noción de “conciencia” que luego de la extensión de la noción de inconsciente cerebral, se vuelve lo más difícil de explicar.
El modelo de Pierre Janet, que veremos luego, se desprende de estos conceptos, en donde el estado histérico tiene que ver con un estrechamiento de la conciencia, y otro modelo diferente, apoyado en el mismo “suelo” de los pensable, es el freudiano.
Al principio del tercer capitulo, Gauchet recoge todo lo investigado cerca del reflejo[5]. Ya en las primeras décadas del siglo XIX aparece como principal concepto el de “arco reflejo” que sería la conexión entre los nervios sensitivos y la respuesta motora automática, del sistema nervioso inferior (médula y nervios periféricos), y por otro lado estaba el cerebro (sistema nervioso superior o central) que se lo vinculaba exclusivamente con la conciencia y las funciones superiores.
Gauchet destaca el planteo que realiza Thomas Laycock, ya en la década de 1840, al analizar la estructura del sistema nervioso: hay una continuidad anatómica entre el sistema nervioso inferior y el superior, es decir que tanto en la médula como en el cerebro hay sustancia blanca y sustancia gris. Entonces dice que si hay continuidad anatómica, por qué no va a haber continuidad funcional, esto es, si hay reflejos en la médula porque no va a haberlos en el cerebro. Postula esta afirmación teóricamente. A Laycock le interesaban los fenómenos de sonambulismo y magnetismo animal que ya vimos y entonces encuentra una forma de explicarlos como una actividad refleja que ocurre en el cerebro a pesar del sujeto.
William Carpenter, otro inglés, también plantea una noción de cerebración inconciente basándose en los mismos argumentos e interesado en los fenómenos de la psicopatología. Entre ambos se produce un debate acerca de la prioridad de la hipótesis. Aunque comparten el interés por la clínica. El termino que termina triunfando es el de “cerebración inconciente” de Carpenter postulado en 1853 (luego que Laycock). Acá vemos como la historia de la fisiología se conecta con la historia de la neurosis y con la historia de los métodos para curar la neurosis.
Gauchet también destaca el aporte de un psiquiatra alemán Griesinger quien también reconoce la división del psiquismo. Su preocupación era de orden práctico: como explicar las enfermedades del espíritu[6] y ya por este momento (1840-1850) era patente el fracaso de la anatomía patológica para explicar la causa de estas enfermedades, pues en la PGP[7], cuyo descubrimiento orgánico se había producido a principios del siglo XIX, y se había pretendido encontrar el paradigma etiológico de todas las enfermedades mentales, no se encontraba la formula. Entonces se recurre ya no al modelo de la anatomía, sino al de la fisiología, y pasa de ser un problema de lesión anatómica, a ser un problema de funcionamiento del sistema nervioso. Esto implica que en apariencia la anatomía del SN sea normal y por ello explican la falta de lesiones a la hora de la autopsia. Sin embargo se siguen entendiendo como enfermedades nerviosas, es decir, enfermedades del funcionamiento del sistema nervioso. Lo que intenta en definitiva hacer Griesinger es utilizar las mismas leyes para explicar lo simple y lo complejo, por ejemplo, la sensación y el movimiento a nivel de la médula, y la representación y la acción voluntaria a nivel del cerebro, estableciendo entre ellas una analogía, y por ende entre las enfermedades del cerebro y las enfermedades mentales, de esta manera las enfermedades mentales se transforman en enfermedades nerviosas, orgánicas (aunque no en el sentido anatómico, sino, fisiológico. Este modelo se convierte en un prototipo inaugurando una serie de reconstrucciones psicofisiológicas. Aquí aparecen P. Janet, luego S. Freud, e incluso los primeros autores que comienzan a explicar la inteligencia a partir del reflejo, como J. Piaget y su antecedente en Balwin.
Ya Griesinger tenía un concepto de yo como yo escindido, un yo con ilusión de unidad (pág. 44) y dice “el yo es una abstracción, una abstracción integradora, constantemente enriquecida por nuevas experiencias, nunca totalmente unificada, una abstracción organizada que se define por su doble capacidad de asimilación y de rechazo. El yo es el teatro de una constante lucha”. Allí no se ve al yo como una idea que se corresponde con una percepción de unidad, sino más bien con una ilusión de unidad, o bien con un esfuerzo por lograr la unidad, aunque es esfuerzo en tanto hay una constante lucha, entre una doble vida (vida psíquica conciente e inconciente). Esta es una interpretación dinámica[8]. Cada autor explicará la relación entre ambas de diferentes maneras.
También en esta página aparece el origen fisiológico del esquema dinámico en psicología. Por que es justamente la fisiología la que introduce este concepto: lo primero es inconciente, automático, y luego en la evolución onto y filogenético por diferenciación, surge lo conciente. Y si luego lo conciente parece tener preponderancia, no es porque lo inconciente desaparece, sino que ambas modalidades siguen conviviendo en constante lucha. Lo conciente se impone pero no suplantando sin más a lo anterior, sino tratando de mantener a raya a lo inconciente a través de de una operación de rechazo o de distanciamiento, pero sin nunca hacerlo desaparecer.
Recuerden que Griesinger era alemán, y que luego son los franceses los que adoptan la tradición de la psicopatología, incluso Freud vas a Francia a formarse, pero en Inglaterra, en general creían en la coincidencia entre mente y conciencia[9], mientras que los alemanes no, y por eso los ingleses confiaban en la introspección como método. Ya nombramos a Laycock y Carpenter. En Inglaterra una excepción fue W. Hamilton quien pensaba que podrían existir percepciones inconcientes, entonces se producen una serie de discusiones en relación a esto con un discípulo de Laycock que utilizó el concepto de inconciente cerebral para explicar problemas psicopatológicos, fue más conocido que el propio Laycock y extendió el concepto más allá de Inglaterra. Este discípulo fue Jackson. Jackson es uno de los que va a utilizar el concepto de evolución aplicado para entender el desarrollo normal y la enfermedad como regresión. Y dice que en la evolución individual primero todo es inconciente y luego por diferenciación aparece lo conciente, a su vez la enfermedad es una forma de regresión, tanto más grave, más hacia atrás y lo último adquirido es lo primero que se pierde. Toma por un lado concepciones asociacionistas de la filosofía, esta concepción evolutiva de la normalidad/patología por otro, y la noción de inconciente cerebral. Logra armar con todo esto una teoría que resulta convincente en su época para explicar distintas patologías.
Finalmente, en 1870, queda establecido como verdad sin discusión que (pág. 52): todo el sistema nervioso puede y debe ser analizado en términos de unidades de estructuras y funciones similares. Esas unidades de estructura y funciones son conexiones sensomotrices y procesos reflejos. Esto supone que todo el funcionamiento psíquico puede explicarse por los elementos más simples que son los reflejos. Esto se retoma en la unidad 4. En esta misma época hay dos eventos científicos que quedan instalados, uno es el de las localizaciones cerebrales, y el otro es la idea de una memoria inconciente.
En las localizaciones cerebrales subyace la idea del asociacionismo clásico renovado con la idea del arco reflejo combinado ahora con un modelo topográfico del cerebro. Y memoria inconciente, no definida ya desde la vivencia y recuerdos que pasan por la conciencia, sino por una función general de la materia organizada. Hering en 1870 realiza una comunicación en donde la memoria de la materia se convierte en el desafío de toda teoría psicológica, pues ya no es una facultad de la conciencia sino también de nuestros estados inconcientes.
Aquí llegamos al ultimo capitulo de Gauchet, el 4, que se llama “El juego de los modelos”. El resultado de todas estas elaboraciones teóricas acerca del inconciente cerebral impacta en la forma de entender la conciencia ya que se vuelve más fácil explicar lo inconciente como lo automático, pero ¿cómo explicar la vida psíquica conciente? Incluso en Freud, en el texto “Proyecto de una psicología para neurólogos” lo más difícil para él es explicar la conciencia, e incluso después, cuando ya tiene su sistema más armado, escribe un trabajo sobre “lo inconciente” y promete otro sobre “lo conciente” que nunca escribe. Freud es también, juntos con otros pensadores, un producto de este suelo de lo pensable que se constituye en ese momento.
La conciencia se va a explicar por un lado, como una ilusión, lo conciente como ilusorio, lo cual supondría que no hay conciencia sino efectos concientes. O bien, se la comienza a entender también como algo sumamente debilitado, sin ningún poder sobre la conducta. Estas serían formas de interpretar la conciencia problemáticamente, otra forma sería aceptar que la conciencia tiene un poder causal sobre la conducta pero dentro de un esquema dinámico.
Recuerden cunado vimos Darwin, el planteaba todas las diferencias como diferencias de grado, entonces todos los seres van diferenciándose gradualmente, así es posible pensar a la vida psíquica, considerando que la vida conciente y la inconciente son de la misma naturaleza por un principio que las convierte en lo mismo que es concepción evolucionista y en todo caso la diferencia es de grado. El impacto de la concepción evolucionista se ve a través de dos principios: uno es el de homogeneidad (inconciente y conciente son de la misma naturaleza) y el otro es el de interacción dinámica (ambas conviven estableciendo un equilibrio dinámico).
Hay dificultades principales que aparecen en este modelo, la primera es cómo establecer las fronteras entre lo corporal y lo mental, y la segunda es cómo explicar la interrelación entre la estructura y el factor energético móvil.
Habíamos dicho que la noción de inconsciente cerebral sugiere, impone modelos para pensar al psiquismo, de tipo monistas, prohíbe el dualismo sustancial metafísico, permite un tipo de dualismo empírico o funcional (no metafísico).
Es en este contexto o “suelo de lo pensable” en donde debemos enmarcar los textos de Janet y Freud para los prácticos, teniendo en cuenta este dos grandes pilares: la tradición evolucionista y la continuidad funcional nerviosa.
Desgrabación: María Laura Fernández
[1] Marcel Gauchet, El inconsciente cerebral, Buenos Aires, Nueva Visión, 1994.
[2] Positivo se refiere aquí a “conocimiento científico”.
[3] Este inconsciente filosófico, derivado del romanticismo alemán, es al que mayor atención se le ha prestado en las historias del psicoanálisis. Según Gauchet, se ha sobreestimado su importancia, mientras que las otras dos nociones de inconsciente son las que han tenido un papel más decisivo.
[4] Esta noción de inconsciente hereditario se revisó a partir del nuevo interés por el estudio del darwinismo social y la psicología de las masas. Esta noción se vincula con idea de una herencia de las patologías, de la degeneración, y así se conectó con la psicopatología y las psicoterapias. Instaló la vinculación de la enfermedad presente con un estado pasado, y el pasado mismo se convirtió en la dimensión explicativa por excelencia.
[5] Otro autor que investiga en este sentido es Georges Canguilhem, La formation du concept de réflexe au XVIIet XVIII siècles, París, 1955.
[6] Recuerden que explicar era fundamentar, pues si no conozco las causas no puedo intervenir sobre ello.
[7] Parálisis General Progresiva.
[8] “Dinámico” supone entender la vida psíquica en términos de dos funcionamientos que conviven: conciente e inconciente.
[9] Recuerden “Historia de la introspección revisada” de Danziger.