Teórico Nº  3 de Psicología I

30 de Abril de 2008

 

Profesora Titular Ana María Talak.

 

Unidad 1 – punto 6.

La historicidad de los objetos de conocimiento en psicología. Concepciones naturalistas de la psicología. La psicología cultural y la comprensión del significado. Problemas en torno a la explicación y la comprensión en psicología. La posibilidad de establecer leyes en la psicología.

 

 

Este punto de la unidad aborda el tema de los marcos teóricos de la Psicología. Se trata de una primera aproximación que nos dará herramientas críticas para abordar el resto de la materia. Cada uno de nosotros vamos construyendo a lo largo de nuestra vida un conjunto de saberes, ideas, sobre lo que es la Psicología. Sin embargo la diferencia entre esa psicología que todos tenemos a partir de nuestras experiencias en la vida cotidiana y la que aprendemos en la carrera de Psicología en la Universidad, de carácter más teórico, es que, el primer conjunto de saberes tiene un carácter dogmático, inmediato, obvio, no cuestionado, mientras que, en el segundo conjunto de saberes, nuestras opiniones siempre son sostenidas desde determinados marcos teóricos, que hemos elegido, y que no son los únicos posibles, sino que puede haber otros.

Esto se vincula a la necesidad de explicitar el carácter histórico de los marcos teóricos de una disciplina y las cuestiones epistemológicas relacionadas a los mismos.

Del texto sobre “La historicidad de los objetos del conocimiento”, debemos dar mayor importancia a la fundamentación acerca de por qué el objeto de conocimiento en psicología, que puede ser el ser humano o un aspecto del ser humano, es un producto cultural (sin desconocer por ello, que exista una base del orden de lo biológico, por el hecho de pertenecer a una misma especie por ejemplo), en la medida en que las relaciones con los otros nos constituyen. No es que primero somos como individuos, y luego nos vinculamos con el contexto humano que nos rodea, sino que somos justamente a partir de ese vínculo. Y por ello, el ser humano, como objeto de conocimiento en psicología, es un objeto que se transforma históricamente. Sería un error creer que aquello que  nosotros hoy estudiamos sobre el ser humano, fue y va a ser siempre igual, es decir, universalizar el objeto. Entonces todo lo que aprendemos a lo largo de la carrera de Psicología, constituye un conocimiento de carácter histórico, no es universalmente válido, ni posee la verdad absoluta, ni es ahistórico. En este sentido, es necesario destacar una doble base de la historicidad: por un lado, el desarrollo del ser humano varía históricamente y a lo largo de su vida individual (desarrollo ontogenético), desarrollo que depende críticamente de las relaciones que establece con los demás miembros de su grupo, de su especie, y por el otro, el mismo conocimiento psicológico, con sus conceptos teóricos y marcos de comprensión, varía históricamente y está subdeterminado por las relaciones que establece con su base empírica, base que depende también de los marcos o gruilla de inteligibilidad desde la cual se la percibe e interpreta.

 

De los textos de Bruner, es importante rescatar, que se trata de un representante de la Psicología cognitiva cultural (no la del procesamiento de la información). En el capítulo 1 de su libro Actos de significado, plantea cómo estudiar al ser humano.

Bruner ya desde muy joven trabajó en E.E.U.U., destacándose en la década del ´40 en el  estudio sobre la percepción, considerando el papel influyente de la personalidad en la misma. Estos estudios formaron parte de una nueva escuela llamada “New Look” (nueva mirada), que se diferenciaba de la posición de la Psicología de la Forma en su postulación de leyes de carácter universal en la explicación de la percepción. La Escuela del New Look comenzó a hacer hincapié en factores subjetivos en un momento en el que el conductismo estaba en pleno auge en Estados Unidos.

En la década del ´50, en ese país se comenzaron a plantear algunas cuestiones acerca de las limitaciones del marco teórico del conductismo, ya que se hacía evidente que a pesar de todas las investigaciones empíricas desarrolladas durante las décadas previas, no se había avanzado en el conocimiento de cuestiones más significativas acerca del hombre. En esos años, comenzaban a expandirse los primeros conceptos del procesamiento de la información, (como el de retroalimentación, la analogía entre el funcionamiento de la computadora y el cerebro y la mente, etc.) y a la vez, también comenzaban a utilizarse algunos conceptos “mentalistas”. Este proceso de cuestionamiento y abandono del marco teórico conductista y la adopción de nuevos marcos que tuvieran en cuenta conceptos referidos a estados o procesos mentales, es lo que los norteamericanos han llamado “la revolución cognitiva”. Este es un concepto “etnocéntrico”, ya que los norteamericanos no consideraron que en otros lugares ya existían, incluso desde la década del ´20, teorizaciones que tenían en cuenta lo mental y los procesos de conocimiento, como las de Piaget y de Vigotsky, teorías que solo las consideraron posteriormente cuando algunas de sus obras fueron traducidas al inglés en Estados Unidos, en la década de 1960.

Bruner sostiene que la revolución cognitiva sirvió para reintroducir “lo mental” en estudio del ser humano. Este autor considera que lo mental tiene que ver con el sentido, con el significado. El ser humano se despliega en un mundo de sentido, atribuye significación a los otros y a sus propias acciones, pensamientos, palabras. Por lo tanto, lo mental es intencional. La palabra “intencional” se refiere en este contexto no a lo que es voluntario, adrede, sino a las acciones de un sujeto que actúa de acuerdo con metas que tienen un sentido. Dice Bruner que ese espíritu renovador de la revolución cognitiva, enseguida, por el surgimiento y la expansión del lenguaje del modelo del procesamiento de la información, fue “ahogado” haciéndose predominante el estudio del hombre asimilando lo mental a las computadoras. Entonces se reemplazó todo el lenguaje de lo mental por el del procesamiento de la información. Lo que el conductismo había concebido en términos de estímulo-respuesta, ahora se concebía en términos de input-ouput (entrada-salida), con la diferencia de que, en esa caja negra que era el organismo para el conductismo, ahora se tenía en cuenta el procesamiento de la información que ingresaba en el organismo. Así, según Bruner, se reemplazaron el concepto de “sentido” por el de “información”, eliminando lo intencional, ya que “información” hace referencia a una especie de código al que si se le aplican ciertas reglas, código cuya transformación se explica sintéticamente, sin recurrir al sentido ni a la interpretación. En esa definición no queda lugar para la intencionalidad de los actos humanos.

Muchos debates, incluso filosóficos, comenzaron en esa época, que cuestionaban, por ejemplo, si “computar” era lo mismo que “pensar”. En 1950 Turing propuso una prueba que dice que, si no se pudiera distinguir entre las respuestas dadas por un ser humano y las de una máquina, entonces, eso sería una prueba de que la máquina puede compararse con el ser humano y afirmar que ella piensa.

Si bien primero se intentó usar el procesamiento de la información para entender al hombre, pronto se atribuyeron características humanas a las máquinas. Una computadora no interpreta sentidos, ni otorga significaciones sino que opera sintácticamente siguiendo reglas. Bruner propone que la psicología cultural es un tipo de psicología cognitiva pero que pone en primer lugar el sentido, no la inforamción.

Lo importante es que se contraponen aquí dos modelos diferentes de pensar a lo humano. Por un lado, el ser humano es pensado como una máquina, una máquina no tan simple como la del conductismo, con mayor complejidad, pero no deja de sostener una perspectiva mecanicista, determinista. Y por el otro, una concepción del ser humano más singular, donde no se puede predecir todo en términos de input y ouput, si bien puede haber algunas cuestiones más universales, hay otras diferencias culturales y otras de carácter más singular. Desde este último modelo, para estudiar al ser humano se requiere comprender su intencionalidad, comprender el sentido de sus acciones.

Estos dos modelos, suponen a su vez dos formas diferentes de conocimiento, una basada en la  explicación y otra basada en la comprensión.

Bruner caracteriza las relaciones humanas a partir de la “subjuntividad”, que tiene que ver con el modo subjuntivo de las narraciones. El modo indicativo, describe el presente y no permite tantas interpretaciones posibles, mientras que el subjuntivo implica la posibilidad, la apertura del sentido. La subjuntividad tiene que ver con que todo lo que utilizamos para conectarnos con los otros tiene un sentido, y es un sentido abierto (no cerrado). Entonces la característica esencial de la comunicación humana es la subjuntividad en la medida en que hay apertura del sentido y es el otro el que participa interpretando, y vuelve a abrir ese proceso de producción de sentidos. La característica de la cultura es que permite al ser humano dar sentido a su vida, a sí mismo, y actúa de acuerdo con eso. Acción y pensamiento no aparecen así disociados, sino como formas de un mismo proceso de interacción social. Y el elemento central de la cultura es la narratividad. La narratividad es lo que nos constituye, y tiene sus características especiales, por ejemplo, narrar consiste en contar una historia en donde aparece un actor, un problema, una meta, unos medios que se consideran adecuados, una acción, un desenlace, etc. Los seres humanos usamos esa narratividad para comunicarnos. A través de esas narraciones vamos dando sentido a la vida, a la nuestra y a la de los seres humanos, al momento y al mundo en el que vivimos.

En el siglo XIX predominaba un modelo de ciencia, más tarde llamado modelo nomológico, (viene del griego nomos, que quiere decir “norma”, leyes). Este modelo se basaba en explicar los casos individuales a partir de  leyes universales. Los hechos individuales se convierten en “casos” o “ejemplos” de una ley general, así se lograba su explicación. No interesaba lo que esos casos tenían de singular, sino lo que compartían con los demás casos, lo general. Este modelo de explicación consiste en subsumir cada fenómeno como “un caso” de una ley. Este es el modelo que adoptan las ciencias naturales.

El “modelo de la comprensión” aparece en cambio como propio de las ciencias humanas. Los primeros en plantear este otro modelo fueron los historiadores, pues decían que si una ciencia debe poder “explicar” sus fenómenos, entonces la historia nunca podría ser ciencia, ya que siempre debe ocuparse de casos singulares e históricos que no se repiten. Luego como todo lo humano tiene carácter histórico, la comprensión se torna el método específico de todas las ciencias humanas. La comprensión apunta a captar el sentido singular de un fenómeno. Y entonces aparece la oposición “explicación versus comprensión”.

Dilthey, autor alemán que en 1883 publicó Introducción a las ciencias del espíritu, fundamentó el método de las ciencias humanas a partir de la comprensión hermenéutica. La hermenéutica (“interpretación”) surgió como un método de interpretación en la antigüedad, para interpretar los libros sagrados, para acceder a la verdad revelada, escondida en la escritura histórica. Luego, hubo una hermenéutica del derecho (interpretar el espíritu de las leyes). A comienzos del siglo XIX un autor alemán, Schleiermacher, sostuvo que todo texto escrito debía ser interpretado, ya no solo los textos sagrados o los de alguna disciplina en particular. De esta manera, universaliza la exigencia de comprensión, de interpretación hermenéutica presente en la lectura de todo texto escrito. Luego Dilthey consideró que todo producto cultural humano, y el ser humano mismo, debían ser leídos como un texto, necesitaba ser interpretados.

En ese momento, en la cultura alemana se reconocía y diferenciaba un espíritu subjetivo (propio de cada individuo, relacionado con la psicología particular de cada uno) y un espíritu objetivo (formado por las producciones culturales, que quedan cristalizadas y van más allá de la vida de un individuo: el lenguaje, la moral, el arte, las formas de vida, etc.). Consideraban que lo espiritual no se capta directamente, sino a través de sus manifestaciones externas. Esas manifestaciones externas de lo espiritual actúan como signos. Esos signos deben ser leídos, interpretados, para comprender lo espiritual. Para Dilthey entonces, las ciencias humanas no buscaban explicar, sino que buscaban comprender el sentido a través del método hermenéutico.

Ahí también podemos ubicar a la Psicología cultural de Bruner, que apuntaría a la comprensión, mientras que la psicología cognitiva del procesamiento de la información, al ser mecanicista, apuntaría a la explicación.

Por otro lado, aclara Bruner que su concepción no es por ello, relativista, ya que el sentido que se busca comprender, es un sentido que se construye en las interacciones sociales, en la negociación de los significados, en la producción de la subjuntividad.

Hay otros dos conceptos importantes de este capítulo, que es necesario destacar: la diferencia entre “acción” y “conducta”. La conducta corresponde más al paradigma de la información, es una respuesta más mecánica, mientras que la acción supone sentido, intencionalidad. Por lo tanto la psicología cultural se dedica a comprender las acciones (en su contexto cultural), más que a explicar las conductas.

 

Otro libro de Bruner es La educación, puerta de la cultura (publicado en inglés en 1997). De allí corresponde leer el capítulo 5 llamado “Entender y explicar otras mentes”. En este capitulo se pueden distinguir dos niveles de argumentaciones: uno tiene que ver con las teorías del desarrollo, y el problema abordado por ellas acerca de en qué momento el infante comienza a atribuir mentes a los demás (teoría de la mente). Luego dedica un parágrafo a considerar si esta “atribución de mente a los demás” puede considerarse como una “teoría de la mente” o si no llega a ser en sentido estricto una “teoría”. Otro nivel argumentativo del capítulo tiene que ver con el debate explicación-comprensión como métodos viables para abordar este tema u otros de la psicología.

A lo largo del análisis, Bruner muestra que hasta en lo más básico, se requiere interpretar lo que los demás hacen e incluso se suponen que entienden. Para este autor explicar y comprender son dos modelos diferentes, pero para estudiar al ser humano, ambos son métodos necesarios, complementarios e irreductibles entre sí, sin que uno sea más científico que el otro. Sería un error intentar reducir la comprensión a la explicación, para volver una investigación “más científica”, así como lo sería desechar lo que puede aportar la explicación, sosteniendo que el único método admisible sería la comprensión. Ambos métodos son irreductibles el uno al otro. Dice: “ser interpretativo, no es ser anti-empírico, anti-experimental o anti- cuantitativo, sino que significa dar sentido a lo que la gente dice a la luz de una estructura que tiene en cuenta la perspectiva, el discurso y el contexto”.

La perspectiva tiene que ver con que cuando hablamos “negociamos significados”, es decir vamos acordando significados, que a veces pueden no coincidir (perspectivas diferentes en juego), a partir de los intercambios lingüísticos. El discurso tiene características particulares, que dependen de cada contexto. Y, por último, el contexto es indispensable considerarlo para entender lo que alguien dice, sus discursos y sus acciones.

Bruner da por tierra con la explicación como el ideal de la ciencia, en la medida en que no existe la explicación sola en el conocimiento del ser humano. Según Bruner, hasta la forma de explicar más básica implica una interpretación. Muestra como ejemplo, las investigaciones sobre el desarrollo de la teoría de la mente en los infantes.

 

Por último, el artículo de Florentino Blanco forma parte de un homenaje realizado en Chile a Ángel Rivière. De este trabajo es importante rescatar algunas ideas fundamentales:

·              La idea de crisis de la psicología, ya no tanto por el problema de la fragmentación versus la unificación, sino porque la psicología tiene ante si una tarea desmesurada (idea que Blanco toma de Rivière). Es además la única disciplina que quiere conocer la mente, y para ello, la mente debe conocerse a sí misma, por lo que se enfrenta a una paradoja. Si bien Rivière consideraba que esta tarea era desmesurada pero viable, Blanco acentúa el carácter desmesurado e inalcanzable de la misma. Sin embargo, a pesar de ello, considera que es una tarea que no carece de sentido. Blanco replantea el problema fundamental, el cual es: “cómo es posible entender y justificar el sentido histórico de la psicología, asumiendo al mismo tiempo su inviabilidad (porque al ser diversidad, la mente no puede conocerse así misma) como proyecto epistemológico”.

·              Transformaciones que ocurren en el Renacimiento. En la Edad Media había un orden establecido, disciplinado, que establecía una sola forma de concebir al ser humano en relación a dios, correlacionado con un determinado orden social. En el Renacimiento se deja de lado el fundamento religioso, como antecedente de las ciencias modernas.

·              La idea de “objetos en acción”. El objeto de la psicología, más que la mente, es la acción. Y acción definida en el mismo sentido que lo hace Bruner. “La acción más que ser una cosa, es una forma de leer los acontecimientos. Tiene propiedades relacionales” dice Blanco. La comprensión de la gramática de la acción tiene que considerar cinco dimensiones: la historia natural, la historia cultural, la ontogénesis, la biografía y la microgénesis. Estas cinco dimensiones tienen un sentido genético. Para ser comprendida la acción requiere de un enfoque genético. Un modelo nomológico, deductivo, de explicación, sólo podría sostenerse si se dejan de lado estas dimensiones genéticas.

El autor Von Wright en su libro Explicación y comprensión (1972) analiza el debate entre explicación y comprensión. A partir del intento del positivismo lógico (Rudolf Carnal, Carl Hempel entre otros) de que toda explicación tuviera la forma de un razonamiento, que incluyera leyes (generales o estadísticas) y condiciones iniciales, y de incluir también en estos modelos la explicación de la conducta humana, Von Wright propone para esta última una forma de explicación que llama silogismo práctico. A diferencia de los otros razonamientos (deductivos o inductivos), el silogismo práctico apunta de explicar una acción humana particular, y para hacerlo introduce la meta y la creencia que tiene el agente. Es decir incluye la intencionalidad. El silogismo práctico posee 4 pasos:

1.      El agente se propone alcanzar un objeto (meta).

2.      El agente cree que si no realiza la acción A en  un tiempo (C), no podrá realizarla.

3.      El momento C ocurre en condiciones normales. No ha sufrido el agente nada que le impida actuar, ni se ha pasado el momento oportuno, su propósito sigue vigente.

4.      El agente realiza su acción.

Otro autor, Martin, considera que este silogismo es útil pero le falta tener en cuenta algo: el contexto cultural. La creencia del agente solo puede comprenderse dentro de un contexto cultural determinado, que es necesario entonces conocer. Para explicar la acción es necesario entonces rellenar o saturar la creencia, y para eso es necesaria la comprensión.

Von Wright por su parte acepta esa observación de Martin, pero sigue ubicando entonces la comprensión en el momento inicial, como momento necesario para producir, armar las premisas del razonamiento. Una vez formuladas las premisas, puede explicarse la acción del agente por medio del silogismo práctico (explicación como argumentación). De esta manera, según Blanco, Von Wright sigue manteniendo una dicotomía en explicación y comprensión, ubicando a esta última solo en un momento inicial, en el logro de la explicación.

Blanco sostiene que lo que ambos autores (Von Wright y Martin) no tienen en cuenta es que “creer” también es una acción. Por lo tanto, la creencia que se pone en juego también debería ser explicada por un silogismo práctico. Y agrega Blanco que si el silogismo práctico sirve de algo es en la medida en que representa una estructura mínima de narración, apelando al concepto de subjuntividad de Bruner. Por lo tanto, la comprensión no se encontraría solo en el momento inicial, sino también presente y articulada en todo el silogismo práctico.

Una teoría sobre el ser humano, tendrá siempre este problema de no poder establecer claramente los límites de la acción, debido a la subjuntividad de la estructura narrativa que da sentido a las acciones. Esta subjuntividad, como se señaló antes, alude a la apertura del sentido, a la indeterminación, y se vincula a la recursividad infinita de la mente humana. Lo más apropiado como modo de conocimiento es relatar la acción.